TÚ
Y YO
Entraste
un día en mi vida por la puerta falsa, pero te acomodaste y allí te quedaste. Pensé
que el extraño huésped se marcharía, no recuerdo el día de tu llegada, solo el
primer hospital tenebroso donde me llevaste a los cinco años, dónde se
acercaron tanto en el diagnóstico que sobrepasaron los conocimientos del
momento.
Un
síndrome distónico entonces no era nada y seguí
buscando definiciones para que otros te analizaran con conocimiento de
causa, pero no llegaba nunca la prescripción definitiva.
Veinticinco
años de rehabilitación, medicación, esfuerzos perjudiciales, pero necesarios para vivir mi vida. Veinticinco
años luchando contra una nada para los demás y el todo caído de mis sueños.
¡Y
por fin, apareciste! en las bodas de plata de nuestro primer encuentro, te
llamabas Distonía. Tu nombre no solucionó mis problemas, porque me querías
tanto que te pegaste a mi cuerpo como amante insaciable. Y a tu nombre fuiste
añadiendo apellidos, segmentaria, multifocal…, y los dejaste en el escudo de tu
nobleza, en un intento vano de llamar la atención médica a la que dejaste de
interesar, por prudencia o desinterés, no lo sé.
Ya
hemos cumplido nuestras bodas de oro, ya estamos solas, en una relación de
amor-odio, tú y yo.
Hasta
ahora, creía que había ganado yo, con fuerza, ilusión y sobre todo luchando, hincándote
el diente en cuanto te descuidabas, pero tu nueva argucia, me desarma otra vez,
robándome lo aprendido, porque te disfraza con dolencias más comunes y de nuevo
confundes a todos, ignorando si eres la causa de esas nuevas dolencias, la
consecuencia o si tienen su propio espacio fuera del tuyo.

No comments:
Post a Comment