Thursday, November 2, 2017

LA DISTONÍA Y SU SOMBRA

Me siento como un árbol rodeada de luz que a mí no me ilumina.
Llevo escuchando y leyendo las mismas cosas sobre distonía desde hace veinte años, tal vez más. 
En la década de los noventa llegó la toxina, quizás el mejor tratamiento, pero que no puede aplicarse a todas las distonías. En la siguiente década empezaron los tratamientos quirúrgicos, con resultados más pobres y tampoco pueden ser aplicables a todos los pacientes.
En la actualidad se pisa con más cuidado el terreno de la farmacología por los efectos secundarios. Habrá que sopesar también si prescindir de esos efectos en un futuro, puede hacernos renunciar a un presente que por edad o cercanía promete ahora una mejor calidad de vida, la decisión es nuestra.
La decisión siempre es nuestra aunque no sepamos casi nada de una enfermedad o mejor sería decir de un conjunto de enfermedades y sus síntomas, porque son tantas las clasificaciones de la distonía…, por la zona afectada, por la edad de inicio, por su origen genético, o su vinculación a traumatismos, ingesta de tóxicos o fármacos, que tomados por otras personas no tienen ninguna consecuencia… 
Y aquí sigo enredada en un maremágnum de preguntas sin respuestas, pero la principal siempre es la misma ¿Qué se hace en la actualidad por la distonía? Y  después vienen otras ¿Quién coordina un seguimiento ante tanta complejidad? ¿Para cuándo un estudio epidemiológico? ¿Por qué existe tanta variabilidad entre los enfermos?

Me gustaría un poco de respeto y dignidad para los enfermos, que luchamos sin armas en un campo de batalla, cuerpo a cuerpo con un enemigo invisible.   


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