Monday, February 29, 2016

REFLEXIONES

No conozco los límites de mi distonía



Los límites de mi distonía
Tengo un tratamiento que no siempre me hace el mismo efecto. Hay días que parece que he abusado de mi cuerpo y sin embargo no pago el peaje del exceso. Otros en cambio, haciendo mucho menos me pongo peor.
He llegado a un punto, dónde me pregunto si debo hacer una cosa o no. Si el coste emocional por no hacerla será peor que el físico. Mi cuerpo habla pero no lo entiendo.
!Tal vez su lenguaje sea la mejor definición de mi distonía! !Tal vez algún día, espero que cercano, sepamos el por qué de tanta variabilidad y subjetividad en esta enfermedad! !Tal vez algún día sepamos por qué..., y ese día llegue pronto!
Mientras tanto seguiré buscando en la oscuridad, colaborando en lo que pueda, llamando a puertas, porque sé que algún día encontraré una abierta.


Los gritos callados

Quisiera poder gritar que tengo miedo, porque una enfermedad como la Distonía esconde mi yo, paraliza mi vida y me aleja de los otros.
Grito a esos otros, a todos los que no conocen las limitaciones de la Distonía, su crueldad oculta en las entrañas del olvido, el misterio de su poderío amasado no sé donde. 
Grito a los mismos que no escuchan los obscenos sentimientos del sufrimiento atrapado. Les he llamado tantas veces desde mi soledad, que de ellos ya me escondo.
Los gritos callados



DISTONÍA: UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera
Cuando me levanto de la cama me falta la frescura del nuevo día. Primero desayuno para coger energía, que me servirá para asearme, vestirme, y llegados a ese punto, mi segunda gasolinera será descansar para repostar las dos horas que me ha llevado lo anterior.
Cuando la energía regresa, salgo a la calle, y vuelvo a descansar mientras me hacen la comida. A veces la salida es más larga porque voy al médico y me lleva unas horas, toda la mañana… El día terminará antes.
Después de comer, regreso a la gasolinera de un sofá que mira al televisor, y el sueño vendrá o no. Si lo hace, puedo conseguir combustible para salir por la tarde. Y andaré, como si nada sucediera, feliz por la oportunidad de mezclarme entre la gente y con la gente.
De regreso a casa, me quitaré la ropa antes que la chispa de un pensamiento, me recuerde el cansancio y me impida hacerlo, y cenaré.
De nuevo en el sofá, al añorar el tiempo pasado, me preguntaré ¿Si son realidad o sueño, los días donde el cansancio no existía? ¿Si tengo una distonía muscular o una fatiga crónica? ¿Por qué nadie me dice lo que me pasa? ¿Por qué nadie se interesa por mi estado?...
Y mi voz chilla en silencio “¡Soy yo! la que nunca comprendisteis su enfermedad porque os decía no puedo pero lo hacía. Y la duda os atravesaba. ¡Soy yo! La que os hacía dudar cuando caminaba deprisa, nadaba por donde cubría, aburría comprando pingos o buscando ofertas en el híper. Esa que tenía algo que no comprendíais. La que soñaba que el futuro no tenía puertas. La misma que en el presente, busca pilas nuevas”
Sí, porque yo funcionaba con pilas. Y sin saberlo gasté una energía limitada. Con una enfermedad a la que reté, desconociendo al principio hasta su nombre, también sus limitaciones, me las fue mostrando poco a poco, mientras yo las tapaba con esfuerzo y trucos para que no se notaran. Con la esperanza de vivir una vida que me acercara a vosotros.
Hoy mis músculos contracturados duelen, ya no pueden luchar con el mismo brío. Reclaman descanso aunque mi mente se contraríe. Ya no me salen agujetas al forzar los movimientos. Quiero cumplir los plazos, y me encuentro con el tiempo detenido. Con unas manos temblorosas y agitadas, con unos brazos doloridos, sin la fuerza de los hombros que los sujetaban. Y así podría dibujar el mapa entero de un cuerpo donde cada día tengo que aprender a reconocer algo nuevo, pero ¡! Ya sé tu nombre, te conozco DISTONÍA!!
Y ahora que te estás generalizando, te digo, que si ha comenzado una nueva etapa en mi vida. aquí me tienes con nuevo armamento, con las pilas cargadas y la experiencia de una unión, que ya celebró sus bodas de oro.

El vencedor

-Déjame salir o te parto en dos – le dijo el brazo a su hombro, mientras tensaba sus músculos hacia arriba. Pero el hombro resistió y venció. 
Si su brazo se movía solo, no era magia ni extravagante seducción. La Distonía muscular le había condenado a perder el control de sus movimientos, y una enfermedad rara, siempre te enfrenta con tu yo más épico.
Anécdotas de la Distonía
La soledad me abruma, 

pero no se trata de la ausencia de personas cercanas o lejanas, se trata de verme en el mismo laberinto siempre, sin ayuda, esperando que cese la incógnita, sobre si los nuevos síntomas son efectos secundarios de la distonía, o  consecuencia de nuevas dolencias que se van añadiendo poco a poco, sin pausa, sin respuesta  médica. Un precipicio donde me veo anclada en su borde, con el vértigo de la caída, desnuda, sin la protección de la ciencia. Abandonada sin consuelo de los que me rodean.

Todo el mundo me ve igual que siempre, voy arreglada aunque me lleve horas y esfuerzos dolorosos conseguirlo, mi superación también se convierte en mi enemigo. Y sin embargo, encuentro en esa superación el reto necesario para seguir viva, latiendo con fuerza y arrojo para salir adelante con las limitaciones nuevas que siempre pienso que serán las últimas, pero apenas me acostumbro a ellas aparecen otras nuevas, teniendo que empezar de nuevo.
La distonía ha conformado parte de mi ser y me ha hecho más fuerte de lo que pienso, aunque el miedo asome por la mañana, ahora sé que le ganaré, no todas las batallas, pero si la guerra.


5 comments:

Alejandro said...

Hola. Al leer algunas de tus publicaciones he sentido una mezcla de tristeza, compasión, autocompasión, complicidad y hasta una especie de desahogo. Y sobre todo agradecimiento por describir tan bien mi sufrimiento. Como si estuvieras escribiendo por mí, como si de pronto alguien hubiera escuchao los alaridos, esos que llevo dando desde hace dieciseis años y nadie escucha. Por un momento olvidé que estoy solo. Esta enfermedad me ha destruido como músico y con ello me destruyó como padre, compañero, hijo, amigo, hermano. Sólo soy un fantasma que los demás no ven. Gracias, hacía tiempo que no lloraba. Gracias.

Veva said...

Alejandro, tus palabras me provocan tristeza y un fuerte deseo de ayudarte. Quizás he ido demasiado lejos al desnudar tanto el sufrimiento. !Era mi forma de ahuyentarlo!
La enfermedad no puede destruir a un artista, la sensibilidad duele pero eleva a la persona. A veces los sueños rotos se pueden pegar y aparece otro nuevo, distinto, quizás !mejor! Llora, porque lo necesitas para desahogarte, pero que tus lágrimas te conduzcan a un nuevo estado donde ver mejor tu realidad.
Para estar solo no hace faltar tener distonia, aunque ayuda bastante. Es vedad, que la gente no comprende esta enfermedad, y esto nos aísla, pero no podemos estancarnos en el llanto, porque la vida también existe para nosotros. Busca ayuda donde la imaginación te lleve, reinvéntate una vez más, pero nunca, !!!nunca!!! te detengas, LUCHA.
Y se te puedo ayudar, no dudes en decírmelo. Espero tu respuesta. Un saludo.

Carmen María said...

Guao. Tus palabras son muy alentadoras y hermosas.

cristina said...

Hola tengo una hija de 15 años con distonía mioclonica desde que era pequeña notábamos que le pasaba algo ,después de recorrer médicos desde los 5 años ahora tiene 15 años y está empeorando después de probar tratamientos que lo único que hacen es ponerla peor aumentar las crisis tener alucinaciones mareos mal estar generalizado en todo el cuerpo bueno los que padecen la enfermedad saben de lo que hablo, cansados de ir al hospital y que nos dejaran dos horas en la sala de espera asta que se le pasará la crisis sin nisiquiera mirarla,es duro muy duro.Pero les quiero dejar una reflexión confíen en Dios tengan fe de que al final del túnel hay una salida

Veva said...

Claro que sí Cristina. Con la ayuda de Dios y tu ejemplo, tu hija reforzará su personalidad y encontrará esa salida. También te doy la dirección de una Asociación sobre distonía mioclónica, :http://www.aludme.org Si necesitas información, ellos te la pueden dar, te la aconsejo. Un saludo.