Monday, January 12, 2015

TÚ Y YO

Entraste un día en mi vida por la puerta falsa, pero te acomodaste y allí te quedaste. Pensé que el extraño huésped se marcharía, no recuerdo el día de tu llegada, solo el primer hospital tenebroso donde me llevaste a los cinco años, dónde se acercaron tanto en el diagnóstico que sobrepasaron los conocimientos del momento.
Un síndrome distónico entonces no era nada  y seguí  buscando definiciones para que otros te analizaran con conocimiento de causa, pero no llegaba nunca la prescripción definitiva.
Veinticinco años de rehabilitación, medicación, esfuerzos perjudiciales,  pero necesarios para vivir mi vida. Veinticinco años luchando contra una nada para los demás y el todo caído de mis sueños.
¡Y por fin, apareciste! en las bodas de plata de nuestro primer encuentro, te llamabas Distonía. Tu nombre no solucionó mis problemas, porque me querías tanto que te pegaste a mi cuerpo como amante insaciable. Y a tu nombre fuiste añadiendo apellidos, segmentaria, multifocal…, y los dejaste en el escudo de tu nobleza, en un intento vano de llamar la atención médica a la que dejaste de interesar, por prudencia o desinterés, no lo sé.
Ya hemos cumplido nuestras bodas de oro, ya estamos solas, en una relación de amor-odio, tú y yo.
Hasta ahora, creía que había ganado yo, con fuerza, ilusión y sobre todo luchando, hincándote el diente en cuanto te descuidabas, pero tu nueva argucia, me desarma otra vez, robándome lo aprendido, porque te disfraza con dolencias más comunes y de nuevo confundes a todos, ignorando si eres la causa de esas nuevas dolencias, la consecuencia o si tienen su propio espacio fuera del tuyo.