No conozco los límites de mi distonía
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| Los límites de mi distonía |
He llegado a un punto, dónde me pregunto si debo hacer una cosa o no. Si el coste emocional por no hacerla será peor que el físico. Mi cuerpo habla pero no lo entiendo.
!Tal vez su lenguaje sea la mejor definición de mi distonía! !Tal vez algún día, espero que cercano, sepamos el por qué de tanta variabilidad y subjetividad en esta enfermedad! !Tal vez algún día sepamos por qué..., y ese día llegue pronto!
Mientras tanto seguiré buscando en la oscuridad, colaborando en lo que pueda, llamando a puertas, porque sé que algún día encontraré una abierta.
Mientras tanto seguiré buscando en la oscuridad, colaborando en lo que pueda, llamando a puertas, porque sé que algún día encontraré una abierta.
Quisiera poder gritar que tengo miedo, porque una enfermedad como la Distonía esconde mi yo, paraliza mi vida y me aleja de los otros.
Grito a esos otros, a todos los que no conocen las limitaciones de la Distonía, su crueldad oculta en las entrañas del olvido, el misterio de su poderío amasado no sé donde.
Grito a los mismos que no escuchan los obscenos sentimientos del sufrimiento atrapado. Les he llamado tantas veces desde mi soledad, que de ellos ya me escondo.
Grito a esos otros, a todos los que no conocen las limitaciones de la Distonía, su crueldad oculta en las entrañas del olvido, el misterio de su poderío amasado no sé donde.
Grito a los mismos que no escuchan los obscenos sentimientos del sufrimiento atrapado. Les he llamado tantas veces desde mi soledad, que de ellos ya me escondo.
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| Los gritos callados |
DISTONÍA: UN DÍA CUALQUIERA
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| Un día cualquiera |
Cuando me levanto de la cama me falta la frescura del nuevo día. Primero desayuno para coger energía, que me servirá para asearme, vestirme, y llegados a ese punto, mi segunda gasolinera será descansar para repostar las dos horas que me ha llevado lo anterior.
Cuando la energía regresa, salgo a la calle, y vuelvo a descansar mientras me hacen la comida. A veces la salida es más larga porque voy al médico y me lleva unas horas, toda la mañana… El día terminará antes.
Después de comer, regreso a la gasolinera de un sofá que mira al televisor, y el sueño vendrá o no. Si lo hace, puedo conseguir combustible para salir por la tarde. Y andaré, como si nada sucediera, feliz por la oportunidad de mezclarme entre la gente y con la gente.
De regreso a casa, me quitaré la ropa antes que la chispa de un pensamiento, me recuerde el cansancio y me impida hacerlo, y cenaré.
De nuevo en el sofá, al añorar el tiempo pasado, me preguntaré ¿Si son realidad o sueño, los días donde el cansancio no existía? ¿Si tengo una distonía muscular o una fatiga crónica? ¿Por qué nadie me dice lo que me pasa? ¿Por qué nadie se interesa por mi estado?...
Y mi voz chilla en silencio “¡Soy yo! la que nunca comprendisteis su enfermedad porque os decía no puedo pero lo hacía. Y la duda os atravesaba. ¡Soy yo! La que os hacía dudar cuando caminaba deprisa, nadaba por donde cubría, aburría comprando pingos o buscando ofertas en el híper. Esa que tenía algo que no comprendíais. La que soñaba que el futuro no tenía puertas. La misma que en el presente, busca pilas nuevas”
Sí, porque yo funcionaba con pilas. Y sin saberlo gasté una energía limitada. Con una enfermedad a la que reté, desconociendo al principio hasta su nombre, también sus limitaciones, me las fue mostrando poco a poco, mientras yo las tapaba con esfuerzo y trucos para que no se notaran. Con la esperanza de vivir una vida que me acercara a vosotros.
Hoy mis músculos contracturados duelen, ya no pueden luchar con el mismo brío. Reclaman descanso aunque mi mente se contraríe. Ya no me salen agujetas al forzar los movimientos. Quiero cumplir los plazos, y me encuentro con el tiempo detenido. Con unas manos temblorosas y agitadas, con unos brazos doloridos, sin la fuerza de los hombros que los sujetaban. Y así podría dibujar el mapa entero de un cuerpo donde cada día tengo que aprender a reconocer algo nuevo, pero ¡! Ya sé tu nombre, te conozco DISTONÍA!!
Y ahora que te estás generalizando, te digo, que si ha comenzado una nueva etapa en mi vida. aquí me tienes con nuevo armamento, con las pilas cargadas y la experiencia de una unión, que ya celebró sus bodas de oro.
Después de comer, regreso a la gasolinera de un sofá que mira al televisor, y el sueño vendrá o no. Si lo hace, puedo conseguir combustible para salir por la tarde. Y andaré, como si nada sucediera, feliz por la oportunidad de mezclarme entre la gente y con la gente.
De regreso a casa, me quitaré la ropa antes que la chispa de un pensamiento, me recuerde el cansancio y me impida hacerlo, y cenaré.
De nuevo en el sofá, al añorar el tiempo pasado, me preguntaré ¿Si son realidad o sueño, los días donde el cansancio no existía? ¿Si tengo una distonía muscular o una fatiga crónica? ¿Por qué nadie me dice lo que me pasa? ¿Por qué nadie se interesa por mi estado?...
Y mi voz chilla en silencio “¡Soy yo! la que nunca comprendisteis su enfermedad porque os decía no puedo pero lo hacía. Y la duda os atravesaba. ¡Soy yo! La que os hacía dudar cuando caminaba deprisa, nadaba por donde cubría, aburría comprando pingos o buscando ofertas en el híper. Esa que tenía algo que no comprendíais. La que soñaba que el futuro no tenía puertas. La misma que en el presente, busca pilas nuevas”
Sí, porque yo funcionaba con pilas. Y sin saberlo gasté una energía limitada. Con una enfermedad a la que reté, desconociendo al principio hasta su nombre, también sus limitaciones, me las fue mostrando poco a poco, mientras yo las tapaba con esfuerzo y trucos para que no se notaran. Con la esperanza de vivir una vida que me acercara a vosotros.
Hoy mis músculos contracturados duelen, ya no pueden luchar con el mismo brío. Reclaman descanso aunque mi mente se contraríe. Ya no me salen agujetas al forzar los movimientos. Quiero cumplir los plazos, y me encuentro con el tiempo detenido. Con unas manos temblorosas y agitadas, con unos brazos doloridos, sin la fuerza de los hombros que los sujetaban. Y así podría dibujar el mapa entero de un cuerpo donde cada día tengo que aprender a reconocer algo nuevo, pero ¡! Ya sé tu nombre, te conozco DISTONÍA!!
Y ahora que te estás generalizando, te digo, que si ha comenzado una nueva etapa en mi vida. aquí me tienes con nuevo armamento, con las pilas cargadas y la experiencia de una unión, que ya celebró sus bodas de oro.
El
vencedor
-Déjame salir o te parto en dos – le dijo el brazo a su
hombro, mientras tensaba sus músculos hacia arriba. Pero el hombro resistió y
venció.
Si su brazo se movía solo, no era magia ni extravagante
seducción. La Distonía muscular le había condenado a perder el control de sus
movimientos, y una enfermedad rara, siempre
te enfrenta con tu yo más épico.
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| Anécdotas de la Distonía |
La soledad me abruma,
pero no se trata de la ausencia de personas cercanas o lejanas, se trata de verme en el
mismo laberinto siempre, sin ayuda, esperando que cese la
incógnita, sobre si los nuevos síntomas son efectos secundarios de la distonía,
o consecuencia de nuevas dolencias que
se van añadiendo poco a poco, sin pausa, sin respuesta médica. Un precipicio donde me veo anclada en su borde, con el vértigo de la caída, desnuda, sin la protección de la ciencia. Abandonada sin consuelo de los que me rodean.
Todo el mundo me ve igual que siempre,
voy arreglada aunque me lleve horas y esfuerzos dolorosos conseguirlo, mi
superación también se convierte en mi enemigo. Y sin embargo, encuentro en esa
superación el reto necesario para seguir viva, latiendo con fuerza y arrojo
para salir adelante con las limitaciones nuevas que siempre pienso que serán
las últimas, pero apenas me acostumbro a ellas aparecen otras nuevas, teniendo
que empezar de nuevo.
La distonía ha conformado parte de mi ser y me ha hecho más fuerte de lo que pienso, aunque el miedo asome por la mañana, ahora sé que le ganaré, no todas las batallas, pero si la guerra.




